La visita de Democracia
—Siéntese, por favor. ¿Quiere que le traiga un café?
—No, no se moleste. Acabo de tomar uno.
—Bien, pues cuénteme. ¿En qué le puedo ayudar?
—Verá profesor, es que estoy muy acabada. No me siento con fuerzas para luchar contra los enemigos. Los médicos me han metido en una clínica de reposo donde me hacen tomar tranquilizantes y dicen que todo anda bien, pero yo cada vez estoy más débil. Así es que estoy casi todo el rato ausente, como dormida y sin ganas de gobernar.
—¿Y en quien delega sus funciones?
—Pues mi principal colaborador es el Neoliberalismo. Pero sospecho que me está siendo desleal. Está tejiendo un complot contra mí, profesor.
—¿En qué se basa?
—Lo encontré conspirando con Economía; ésta tiene una gran cantidad de funcionarios a su cargo que, al parecer, les está haciendo todo el trabajo sucio. Son dirigentes importantes que tienen gran poder y que se desperdigan por todo el urbe. Algunos los conocerá: FMI, Banco Mundial, OCDE...
—Sí, sí. ¿No cree entonces lo que dicen del Liberalismo?
—No. No tengo confianza en él. Ha cambiado en los últimos años, y su nueva imagen no es ya ni la sombra de lo que fue. Neoliberalismo sólo utiliza su nombre pero perdió su causa hace años.
Además, tengo pruebas de que Neoliberalismo está envenenándome lentamente con sus dogmas. Adquiere sus pócimas en el Capitalismo más exacerbado, y poco a poco va concentrando las dosis en monopolios y deslocalizaciones que eliminan competencia y que transforman y destruyen los principios básicos en los que me sustento. Así, voy debilitándome sin que nadie se dé cuenta, desde mis propios cimientos. Necesito su ayuda, profesor.
—El asunto que me cuenta es muy grave, desde luego. ¿Han tomado ya alguna medida?
—Pues no. No hay nadie que vea peligrar mi salud. Ya le digo que ni los médicos me hacen caso y como siga así, creo que acabaré muriendo, me enterrarán sin funeral ni flores, y quizás me convierta en religión para los más de cien millones de personas que se quedarán el próximo año en la pobreza más absoluta.
—Hay que tomar las medidas oportunas lo más rápido posible. Esto no puede suceder...
—Me temo que ya es un hecho irreversible. No obstante tengo algunos devotos que hacen sus campañas. Oyó usted hablar de Attac? Pues, hoy por hoy, es la única esperanza de vida que me queda.
—Bien, la solución a su problema es concienciar a una sociedad que está manipulada por esas organizaciones y que no obtiene la suficiente información para poder actuar.
—La población mundial tiene una venda puesta y yo formo parte del tejido con el que se hizo, profesor. Se podría quitar la venda, pero los medios para solucionar esta situación me temo que están en poder de las mafias privadas transnacionales. El concepto de Estado está siendo erradicado por estas mafias y sólo ejerce como cabeza de turco o al servicio de un nuevo y perverso poder camuflado que va cerniendo terreno sutilmente y sin levantar sospechas... Se destruyó el intervencionismo y sólo se mantienen los corruptos, dejando al ciudadano indefenso y cuando el proceso acabe consumándose y yo muera irremisiblemente morirán conmigo todas las esperanzas del pueblo.
—Es una situación muy compleja. Déjeme usted reflexionar sobre todo ello. Hablaré con mis colegas e intentaremos un diálogo con los implicados. Hemos de contactar con ATTAC para intentar buscar soluciones a la situación.
—Sí, profesor, es preciso hacer algo pronto.
Doña Democracia salió de la estancia algo más esperanzada, mientras arrastraba sus piernas hacia su nuevo asilo.

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