Andaba meditando sobre qué tema podría llamar la atención del lector en esta nueva publicación que pretende dar una visión diferente de las cosas, y se me ocurría que tal vez la cuestión no es el tema en sí, sino la forma concreta en que se plasme una reflexión. Cualquier tema es válido para escribir, eso es lo primero que te enseñan en un taller literario de 100 euros/mes, y, desde luego, es cierto a todas luces, ya sean muchas o pocas. Pero esto de que te lea gente de varios países y bagajes culturales diferentes hace que uno tenga que hilar menos fino y adoptar su postura más cosmopolita para trascender de los temas propios de su cultura a los universales e inagotables asuntos de la vida cotidiana mundial. Si (un suponer) se decidiese hablar de los últimos sucesos meteorológicos y las medidas tomadas por los diferentes representantes políticos, habría que buscar una forma distinta de comentar las mismas cosas. Es un asunto peliagudo éste si queremos ser objetivos y justos sin caer en torpes juicios populares que nos llevarían a no ser demasiado optimistas y caer en linchamientos caprichosos y quizás inmerecidos, y lo que se pretende aquí es ver las cosas desde su lado menos malo. Por ejemplo, con el Katrina el lado menos malo es que podría haber pasado, en vez de por New Orleans, por alguna ciudad importante, eso es, al fin de al cabo, lo que debieron pensar las autoridades norteamericanas, y eso es lo que habría que resaltar, en vez de hacer referencia a su nefasta actuación política de prevención civil. Fijémonos, si no, en el ejemplo que nos dieron siendo ellos mismos los primeros en acatar medidas de prevención, manteniéndose lejos porque “eso es lo que aconsejaron los meteorólogos”, según declararon después. Por lo cual ¿qué se les puede reprochar si ni ellos mismos sabían a qué se enfrentaban y fueron los primeros en seguir los consejos de evacuación? Como ven es fácil ver las cosas desde un prisma diferente que intente indagar sobre los desastres de la naturaleza... humana, sin caer en agresivas descalificaciones.
Luego, está también el asunto de Wilma, que tan cruel ha sido con los hoteles de Cancún. En este caso igualmente existe el lado bueno. Hay que agradecer que gracias a la temporada de huracanes las agencias de viajes ofrecen unas ofertas sensacionales para viajar a estos paradisíacos lugares. Y es que no hay nada más excitante que vivir un huracán en vivo. Las vacaciones o la luna de miel toman un cariz diferente y emocionante para el que guste vivir emociones fuertes. Inolvidables, sin duda. Si no que se lo pregunten a los 3.700 turistas españoles refugiados en los hoteles de la Riviera Maya de México... Debe ser impresionante ver como vuelan las palmeras, mucho más que ver, pongamos por caso, un insípido y lento eclipse solar. ¿Qué más da la falta de atención en esos locales donde se les mete pudiendo disfrutar de tamaña aventura? ¿Por qué se quejan si seguro que nunca en su vida viven algo semejante? Esas son las preguntas que se hacen las agencias a la hora de afrontar las denuncias. Y con razón ¿o no?
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