Origen de la Sabiduría
Y dando ese paso atrás, con el fin de arrojar algo de luz sobre nuestro planteamiento sobre la Sabiduría, nos encontramos con el primer escalón que hacia ella nos acerca, a través de aquellos primeros pensadores: la experiencia real, tangible del hombre con la Naturaleza, a partir de la cual va a surgir todo el proceso del conocimiento humano. Pero, realmente, ¿qué es la experiencia?, ¿a qué podemos llamar experiencia?, ¿lo vivido por cada cual? Si consideráramos esto así, no podríamos hablar de Filosofía ni Sabiduría en cuanto a su dimensión de universalidad, ya que la Filosofía nunca debe estar basada en la individualidad para ser, sino que exige ser en sí misma producto de una experiencia universal, aplicable a cualquier sujeto, y así comprendemos que la experiencia que nos atañe no es ese conjunto de pensamientos o juicios de unos hechos de vida, sino algo que va mucho más allá, una abstracción de tipo espiritual, fruto de nuestro contacto vivencial con las cosas. A partir de esa abstracción de lo tangible, el hombre adquiere conciencia de una realidad que se cuestiona, dando lugar a la Filosofía propiamente dicha, que se despega del acontecer de la Naturaleza, tal como la consideraban los griegos, pero que, a la vez, se nutre de su propia esencia para desarrollarse.
A través de la Filosofía, esta percepción se transforma en pensamiento universal que se desentiende de lo individual en el proceso filosófico para formar parte de una conciencia de espíritu que trasciende lo más puro del ser. Es así como la misma Filosofía puede anular la propia experiencia en la que se sustenta al elevarse por encima de ésta y adquiriendo una libertad que se separa de lo puramente material.
En ese momento de libertad total es cuando se llega al cenit de esta escala en el cual puede surgir la chispa de la Sabiduría, que no sería entonces otra cosa que la misma Filosofía revelada por la experiencia universalizada y aplicada a la experiencia individual de cada ser humano en su devenir existencial.

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