Lunes 09 de Enero de 2006

“Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños” Shakespeare: El hombre tras la máscara

Teorizar acerca de la identidad de Shakespeare es y será una de las actividades más fascinantes que ha tocado en suerte a los estudiosos de su obra. La existencia de un personaje nacido en Stratford -upon –Avon, a quien luego serían atribuidas un sinnúmero de tragedias y comedias, y la composición de más de ciento cincuenta sonetos considerados como una de las páginas más bellas de la literatura, tampoco es materia discutible. Se dice también que Shakespeare prácticamente no tuvo educación académica. Esta probablemente sea la tesis más sólida sobre la cual se apoye la teoría del fraude Shakesperiano. No obstante, el hombre que firmaba sus obras como William Shakespeare tomaba los argumentos de sus obras de sucesos históricos, como fue el caso de Ricardo III o Enrique IV, o de tradiciones que los pueblos heredaban del resto del continente. De ningún modo pretendía ser original en esto. No es secreto que Shakespeare seguía muchísimas de las convenciones literarias indicadas por los tiempos que regían.

Es llamativo también el rostro que nos devuelve la imagen, siempre imperturbable, del bardo. Se dice que lo que se ve no es más que una máscara tras la cual se oculta la verdadera identidad del enigmático escritor de piezas teatrales. Se dicen muchas cosas acerca de él. La posibilidad de que su obra sea la recolección de los trabajos de numerosos autores es la más popular. Se habla, además, de su relación y su rivalidad con Marlowe, del misterioso hombre a quien le dedica sus sonetos, la dama oscura protagonista asimismo de alguno de ellos. Se ha hablado incluso de la posibilidad de que William fuera en realidad ¡Willhemina! En esa época hubiera sido inaudito que una mujer escribiera, dirigiera y se dedicara al negocio del teatro. Lo cierto es que, gracias a Dios, la pluma de Shakespeare ha legado al mundo una obra monumental, prueba una vez más de las maravillas que el hombre puede lograr más allá de las calamidades que, lamentablemente, traen aparejadas las guerras y los intereses políticos y económicos y que el bardo supo ilustrar tan bien en sus obras.

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