Domingo 15 de Enero de 2006

Hermanos que se eligen con el corazón

“Afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato” dice la RAE en su primera acepción de la palabra amistad. Esta definición resulta fría y desapasionada, pero si nos concentramos en cada uno de los aspectos que enumera, creo que cada uno estará de acuerdo en que la amistad es: personal, porque nace entre dos o más personas, pura y desinteresada, porque, a diferencia de otra clase de vínculos, no involucra conveniencias de ningún tipo, ordinariamente recíproca porque hay una retroalimentación y, por último, nace y se fortalece con el trato, ya que, toda amistad que no siga este curso natural está destinada a morir.

Tomaré prestadas una vez más las palabras de San Agustín que dicen: “Un amigo es un hermano que se elige con el corazón”. Bien sabía él, que había llorado a su amigo Alipio, de qué hablaba. No voy a negar, sin embargo, que en ocasiones algunos amigos se elijan guiados por el brillo de una posición social o el tamaño de una cuenta bancaria. Pero estas amistades duran lo que tarda uno en devorarse un chocolate y difícilmente caigan en la categoría de amistad, ya que no cumplen con la premisa del desinterés.

En un interesante libro llamado “Los cuatro amores”, el escritor y ensayista inglés C.S. Lewis distingue cuatro tipos distintos de amores: Afecto, Amistad, Eros y Caridad. Por el afecto somos criados y educados, por el Eros, engendrados. En este sentido la amistad es el menos biológico y el más espiritual de los amores. Es también el menos egoísta. En tanto que el número perfecto e indispensable para los amantes es dos, en la amistad el número enriquece el vínculo. Dice Lewis citando a Lamb, que si de tres amigos (A, B y C), A muriera, entonces B perdería no sólo a A sino “ la parte de A en C”, a su vez C pierde no sólo a A sino “la parte de A en B”. “En cada uno de mis amigos”, continúa, “hay algo que sólo otro amigo puede sacar afuera. No soy lo suficientemente grande para poner por mí mismo al hombre completo en actividad.”

En lo personal pienso que las páginas más bellas que se han escrito sobre la amistad y esa cosa demasiado olvidada que se llama crear lazos, están en 'El Principito': “Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos.'

'Si quieres un amigo” le dice el zorro al principito, “domestícame!”

“-¿Qué hay que hacer?- dijo el principito.”

He aquí la fórmula.

“_ Hay que ser muy paciente- respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…”

Artículos anteriores del autor

Publicidad

Respuestas

Aún sin respuestas.

Publique un comentario