Miércoles 25 de Enero de 2006

GREGuERÍAS: El átomo de la literatura. De Ramón Gómez de la Serna.

Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el doctor.

Lo más importante de la vida es no haber muerto.

“Pan” es palabra tan breve para que podamos pedirlo con urgencia.

El peor atavismo que tenemos es el atavismo de morir.

La timidez es como un traje mal hecho.

El cerebro es un paquete de ideas arrugadas que llevamos en la cabeza.

Prefiero las máquinas de escribir usadas porque ya tienen experiencia y ortografía.

Al sentarnos al borde de la cama, somos presidiarios reflexionando en su condena.

El tiempo sabe a agua seca.

Lo peor de los médicos es que le miran a uno como si uno no fuera uno mismo.

El que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.

El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.

Lo malo de los nudistas es que cuando se sientan se pegan a las sillas.

Hay quien se reserva para dar su primera limosna a los pobres que haya a la puerta del cielo.

¿No os dice nada el que tantos grandes hombres hayan muerto? A mí me dice más que lo que ellos dijeron en vida.

La lluvia es triste porque nos recuerda cuando fuimos peces.

La aurora siempre se sorprende de vernos aún vivos.

A cada disparo recula el cañón, como asustado por lo que acaba de hacer.

El peluquero nos habla mientras nos sirve como loquero sensato a un loco momentáneo.

Los fantasmas salen por un espejo y se meten por otro.

Hay que hacer tumbas con periscopio.


Frente al “yo” y al “superyo” está el “qué sé yo”.

La muerte es hereditaria.

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