Encuentro con los versos
En la brisa de la calle juega el aire repleto de azahar y polución. La tarde está cayendo.
Escucho la voz que acaricia los versos, y una inquieta lágrima intenta escapar de su prisión. Más no lo consigue.
Los versos me arrastran hacia las turbulencias del pensamiento; no soy sino una leve sombra en medio de la luz cegadora que envuelve el ambiente.
Alguien sigue leyendo a lo lejos, pero yo ni siquiera escucho, ensimismada en mis propios lamentos.
De repente vuelvo a escuchar esas palabras que tanto conozco y tanto añoro, esas que te parten el alma a veces y otras te la elevan.
Y recuerdo de nuevo las cosas dichas y por decir... Y quiero huir. Huir del pensamiento, huir del sentimiento que ahoga.
Sigo escuchando y el alma se me anestesia.
Salgo a la noche adormecida, la noche tibia que libera de la angustia.
Intento beberme su silencio mientras el dolor gime en la distancia entre las notas de un saxofón...
y me dejo diluir en el sabor de lo imposible.

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