Sábado 22 de Abril de 2006

¿La vida es sueño?

¿Cómo será la naturaleza que se asienta entre los sueños cuando soñamos cosas que no han sucedido?

¿Cómo será que por naturaleza seamos capaces de soñar lo insólito, de crear y recrear situaciones inauditas, ora buenas como los sueños que deseamos, ora malas como las pesadillas que odiamos soñar...

¿Somos dueños de nuestros sueños? Lo cierto es que no.

Como en ese sueño perdido en los anaqueles de la Filosofía, en el que se revelaba lo auténtico a los ojos de la época. Se trata del sueño de Escipión, en donde, a través del poder de revelación onírica, Cicerón abría una puerta de conocimiento del alma humana en comunión con el Universo y nos sumergía en el delicado mundo de los valores al gusto de la época. O ese otro de Calderón, donde la vida tomaba el cariz de sueño simplemente, con auténtica revelación de la razón existencial.

¿La vida es sueño o los sueños, sueños son?

¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os puede ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegio tuvieron
que yo no goce jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas,
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja calma:
¿y teniendo yo más alma
tengo menos libertad?

Nace el bruto y con la piel
que dibujan manchas bellas
apenas signo es de estrellas
(gracias al docto pincel),
cuando atrevido y cruel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto
¿y yo con mejor instinto
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío:
¿y yo con más albedrío
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico, celebra
de las flores la piedad,
que le da la majestad
del campo abierto a su huida:
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión
un volcán, un Etna hecho
quisiera arrancar del pecho
pedazos del corazón:
¿qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan suave,
excepción tan principal
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?


Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

¿La vida es para soñar? ¿soñar es vivir? ¿los sueños son la libertad del hombre?

Dicen que hay que luchar por los sueños, que los sueños pueden significar un ideal de vida, pero también parece que vivir de sueños es algo nada recomendable. Hay que dejar de soñar, ¿no triunfan los soñadores, entonces?

Pero hoy en día el sueño tiene otro significado menos soñador, se contempla desde una perspectiva distinta, con una finalidad más bien psíquica conservando su poder revelador del espíritu, esta vez dentro del ámbito de los profesionales de la mente, en un sentido más práctico y racional. A través de los sueños se indaga en los recónditos rincones de la psiquis para esclarecer los misterios de la mente humana en relación a problemas de personalidad. Así, el sueño ha conservado su poder revelatorio, pero ha perdido por el camino su magia, que ha sido sustituida por interpretaciones de índole psicológica, cuando no se convierte en un conjunto de ondas eléctricas que van cambiando de intensidad en sucesivas fases.

¿Estamos perdiendo los sueños?

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