En busca de la Felicidad
La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Inmanuel Kant
Nuestro aguerrido profesor X estaba muy decidido a encontrar a la Felicidad. Sabía que era difícil hallarla, que casi nadie había podido dar con su paradero y que muchas personas habían sucumbido al intentar encontrarla, sí, sabía que era peligroso y aún así estaba resuelto a encontrarla. Le habían dicho que se escondía detrás de las quimeras, y allí es en el primer sitio que iba a buscar.
Doña Quimera se esmeraba en su labor de punto. Uno del derecho, dos del revés y vuelta a empezar, llevaba metros y metros de una labor que no parecía tomar forma alguna y descansaba en el suelo, junto a sus pies.
―De modo que usted intenta tejer la felicidad pero no tiene el modelo...
―El modelo no existe, soy yo la que lo crea en cada momento, es como el camaleón que cambia de color según la circunstancia.
―Pero algo debe de haber para que sea consistente y tangible... Si no, no podríamos obtenerla...
―Sólo yo soy tangible, y a través de mí se intuye su existencia.
―Eso es un engaño, tú eres un engaño. Tejes y tejes sin forma, nunca acabas de darle forma.
―El hombre se conforma conmigo, en realidad yo soy lo único que le interesa, pero él no lo sabe, o no se da cuenta. Son pocos los que consiguen librarse de mí y atravesar la línea.
―Entonces tú no eres buena, no eres real ni hay nada certero en ti.
―Yo soy lo más parecido que se puede tener. Yo hago mi labor humanitaria, uno del derecho, un acierto, por cada dos del revés, dos intentos fallidos. Y no, no soy real ni tengo verdades, pero sí alivio pasajero... El que viene a mí acaba descubriendo mi juego si es lo suficientemente listo. Yo ofrezco un juego de éxito en la humanidad inconsciente, y todo el mundo quiere jugarlo.
―¿Y los que descubren tu juego?
―Ah, esos... Tienen dos caminos. Atravesar la línea y llegar a conocer la auténtica felicidad, o caer al precipicio antes de llegar y sucumbir.
―¿Y cómo se atraviesa la línea?
―En eso no puedo ayudarte. No puedo revelar el arma de mi destrucción. La felicidad existe en un lugar donde pocos van a buscar y eso es porque estoy yo para impedirlo. Yo me sostengo con sus torpezas humanas, yo necesito de la necedad para sobrevivir, necesito que todos jueguen mi juego para subsistir.
―En cierta manera tú impides que encontremos la felicidad
―No a todos. Pero a la vez también les procuro alivio. El hombre no puede vivir sin mí, en cambio sí pueden sin la felicidad. Por eso es que mi juego les atrae tanto.
La línea es frágil, y a veces la cruzan y luego vuelven a mi juego. La vida es un conjunto de mis labores y sólo algunos consiguen darle la forma que corresponde.
―¿Crees que los sabios de la Antigüedad pudieran ayudar al hombre a encontrarla?
Está bien. Te voy a dar algunas pistas, ya que te has molestado en venir.
Busca en los textos antiguos, los pensadores clásicos sí tenían algunas claves. Lee los tratados de Cicerón o Séneca, pero no te pierdas en los caminos eclécticos de la filosofía actual, porque en ellos sólo hallarás dialécticas.
―¿Y no será quizás que la Felicidad es tu hermana menor?
Doña Quimera se echó a reír sin mirar ni contestar. Seguía absorta en su labor. El profesor X la contemplaba. Era muy bella, y tenía una risa mágica que le encandilaba. Y entonces comprendió que su poder era inmenso, mucho más inmenso que el de la auténtica felicidad para el hombre. Él también había sucumbido a su juego muchas veces y lo sabía, sabía que ella tenía toda la razón y que era necesaria para el ser humano, tan necesaria como la felicidad en sí misma.

Respuestas
El Destructor de Sillas
Estimado Profesor X: Sepa Ud. que discurre en el presente texto sub examine enderezando quiméricamente a los lectores de temperamento estoico, dispuestos a no dejarse confundir eternamente por los recursos didascálicos de Quimera. Resta, empero, aclarar a los lectores que Quimera desempeña gustosamente tan necesarios menesteres en el curso de la Historia en virtud de su naturaleza epicúrea y áun dionisíaca. No por conocida -al punto de considerársela ya proverbial- deja de venir a cuento esta cita de Eduardo Galeano, toda vez que Doña Quimera se parece mucho a la Compañera Utopía, y Doña Felicidad acaso sea hija putativa de Doña Ucronía: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.» Salúdole
Profesor X
Estimado destructor: Efectivamente, doña Quimera es hermana gemela de doña Utopía y hermanastra de Felicidad, la cual es como la Cenicienta, siempre paga los platos rotos de sus hermanas. Pero la madastra de esta historia, Ucronía, ejerce sus tretas para conseguir arrastrar hasta el inalcanzable horizonte la frágil sombra de la Felicidad, y así, el camino de Quimera queda desierto y libre... Salut
Querido profesor X: Si busca la Felicidad es porque no la ha encontrado y, por tanto, piensa en ella como una Utopía. Le aviso que podría empeorar si cuenta con Ucronía o Quimera. Conclusión: la verá si no la busca, porque a veces se cansa de jugar al escondite.
Profesor X
Querido Santiago Quizás sea lo que apunta destructor, es, más que un estado, una manera de mantener la carrera de la vida en desequilibrada tensión constante,algo así como al mulo que le ponen la zanahoria delante para que ande y nunca le permiten alcanzarla.
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