Viernes 09 de Junio de 2006

Vivir en las palabras

El poeta se acuerda de su vida

“Vivir, dormir, morir: soñar acaso.”
Hamlet

 

Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, más nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora,
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, y da en tu rostro acaso.
Con un pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.

Vicente Aleixandre

¿Vivir en las palabras es errar?

Los poetas erramos alrededor de las palabras efímeras, como gotas de agua en el mar de los versos; en esa sed que se convierte en necesidad vital para descubrir una nueva luz que nos lleva a través de la experiencia en un camino tortuoso, pero también de deleite y emociones que alimentan el alma y nos conducen hacia una mágica percepción de las cosas.

Maldición del poeta, continuo experimentar en obsesivo afán; vivir en las palabras revisadas que cobran un minuto de gloria en el fulgor del poema para ser todo lo que conforma la existencia humana, trascendiendo experiencia y convirtiéndola en emoción a través del verso.

Los poetas reconvertimos el mundo, lo elevamos a un plano metafísico para disfrutarlo, nos imbuimos de la vida material para transformarla en experiencia espiritual por medio del poema, y elevamos la palabra al cenit de la propia vida.

La poesía alivia la inquietud del alma, reconforta, nos salva de nosotros mismos y ayuda a vivir nuestro yo más puro en este mundo ingrato en el que sobrevivimos... Pero los poetas no podemos huir, vivimos y morimos en las palabras.

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