Lunes 28 de Agosto de 2006

Reflexiones sobre el comportamiento y conductas humanas III

    Hemos comentado los dos pilares que representan nuestro contacto con el exterior, pero ahora nos quedaría el tercero, y no menos importante, que sería el que conectaría todo lo aprehendido con nuestro organismo para generar las conductas. El tercer pilar es la parte bioquímica, donde se procesan todos los estímulos, la neurofisiología cerebral, que clasifica y ordena las percepciones conectando así la mente con el cuerpo, y creando un circuito entre percepciones, estímulos y pensamientos con respuestas fisiológicas. Éstas, a su vez, se reenvían al cerebro para generar otras respuestas mentales. ¿Cómo se consigue esto?

    Las conexiones y relaciones entre emociones, pensamientos y conductas son posibles gracias a todo el sistema cerebral que consta de diferentes áreas específicas para cada función, interconectadas entre ellas, de forma que no existe una auténtica independencia, pero sí un “protagonismo”, según la parte cerebral que implique. Todo esto se consigue a través del hipotálamo y los sistemas neurovegetativos, y constituiría la gobernación de la actuación del individuo, y en última instancia, la actitud general del hombre ante el devenir de su vida.

Conclusiones:

    Todos estos procesos de los tres pilares se interrelacionan entre ellos para constituir los comportamientos y actuaciones, y son comunes en todos los seres humanos, dándose también, los aspectos emocionales y bioquímicos, en otras especies, a un nivel de menor complejidad; ahora bien, dentro de lo que es lo común en la especie humana, existen variaciones, es decir, la influencia de los tres pilares no es igual en todos los individuos. En estas diferencias y su estudio es donde radicaría el problema de los estudios psicológicos y de las enfermedades, ya que ahí estarían las claves de todos los comportamientos y actitudes humanas, y por tanto las razones de que las personas no reaccionemos igual ante los mismos estímulos.

    Las variables estarán en cualquiera de estos tres pilares. El pilar mental, es decir toda la cimentación donde se va a asentar y conformar el pensamiento; en el emocional, donde cada individuo poseerá diferente nivel de emocionalidad, y por tanto de aprehensión de lo externo; y por último en el neurofisiológico, donde las respuestas hormonales variarán según la genética de cada sujeto, e influirá decisivamente en nuestro actuar. Todo ello generará diferentes tipos de personalidades y actitudes ante la vida que nos llevará a tomar los sucesos cotidianos de determinada forma, y a crear determinados tipos de pensamiento.
Un ejemplo claro para entender esto lo tenemos en el hipotiroidismo, una baja secreción hormonal de la glándula hipófisis que incide directamente en el carácter de una persona, negativizándolo.

    Así, cada pilar se apoya en los otros dos para conformar todo el proceso, y ninguno puede ser excluido en cuanto al estudio del comportamiento humano. Pero cada uno tiene un peso diferente según la genética de cada sujeto. La idiosincrasia de cada individuo vendrá condicionada por esta circunstancia, ya que estos tres puntos básicos varían de unas personas a otras, de forma que en unas personas dominará la parte emocional, en otras la psicológica, y la parte bioquímica tendrá su repercusión en todo el conjunto de la personalidad, creándose de esta manera la actitud general que tomará ante la vida.

    Cuando se produce un desequilibrio grave entre estos tres pilares y sus relaciones, aparecen los trastornos psicológicos y las enfermedades, por eso es importante atender a todas las partes en las que se conforma la personalidad humana para tener una visión global que ayudará al enfermo a recuperar su equilibrio.

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