El sueño de poniente
Sólo una parte de mí estaba sentada en aquella terraza del cálido atardecer levantino, mi otra parte era esquiva a la conversación que escuchaba como un murmullo lejano, muy lejano, meciendo suavemente mis pensamientos ajenos. La otra parte se bañaba en sensaciones perdidas, envolventes y dulces de un sueño que había dejado una huella y que ahora, en el cielo púrpura de poniente y el aire requemado de los arrozales, volvía a resucitarse con la misma intensidad que si hubieran sido reales y no parte de un sueño. Sumergida en esa isla donde el ascetismo impone su bandera y el evoco la mejor compañía, me elevaba en ese vuelo casi místico que acerca dos mundos diferentes, como dos planos de una misma figura geométrica conformada por una misma energía que parte del corazón: el mundo onírico fundido en el real. Mientras, en la taza el café iba enfriándose.

Respuestas
El Aprendiz de Metafísico
"El último café" o "El sueño de Meridión" (tango de Ovidio Catulo Castillo y Héctor Stamponi, al que se llega por asociación libre con la frase final de la entrada) Llega tu recuerdo en torbellino. Vuelve en el otoño a atardecer... Miro la garúa y mientras miro gira la cuchara de café... Del último café que tus labios, con frío pidieron esa vez con la voz de un suspiro... Recuerdo tu desdén, te evoco sin razón, te escucho sin que estés: "Lo nuestro terminó", dijiste en un adiós de azúcar y de hiel... Lo mismo que el café, que el amor, que el olvido, que el vértigo final de un rencor sin porqué... y allí con tu impiedad, me vi morir de pie, medí tu vanidad y entonces comprendí mi soledad sin para qué.... Llovía y le ofrecí el último café.
Stel
Bellísima estampa de otoño, aprendiz. Atrapar la melancólica esencia del otoño en una taza de café y ensueños... "That is the question"
El Aprendiz de Metafísico
Cuando leí el texto y llegué a la cuchara de café, me empezó a sonar la música del tango. En el apuro por huir de la red tras mi comentario, no había notado que, además de inventarle para el caso un segundo título a "El último café", los versos de Ovidio Catulo Castillo (fruto de mi torpeza al copipegarlos) aparecieron todos seguidos, como una prosa poética y no como la letra de una canción. La verdad es que así quedan mejor, parecen una variación del asunto que propone la entrada.
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