El mundo y yo
que permanecen eternamente ajenos
sobreviviéndonos
quemando naves en los altares sagrados
donde fenecen nuestras hazañas,
cediendo terreno a la destrucción de complacencias;
el mundo y yo en común
solo tenemos los días sombríos
la moneda que lanzamos jugándonos el equilibrio
en ese tira y afloja de la existencia.
El mundo y yo por fin juntos
de la mano hacia la misma locura
que nos condena.

Respuestas
Publique un comentario