Sábado 02 de Octubre de 2010

¿Vivir en las palabras es errar?

El poeta se acuerda de su vida

“Vivir, dormir, morir: soñar acaso.”
Hamlet

Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, más nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora,
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, y da en tu rostro acaso.
Con un pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.

Vicente Aleixandre

 

¿Vivir en las palabras es errar?

Los poetas erramos alrededor de las palabras efímeras, como gotas de agua en el mar de los versos; en esa sed que se convierte en necesidad vital para descubrir una nueva luz que nos lleva a través de la experiencia en un camino tortuoso, pero también de deleite y emociones que alimentan el alma y nos conducen hacia una mágica percepción de las cosas, la más auténtica verdad del mundo, de las cosas, del hombre, su esencia y su existencia… y también a la mentira, la más abyecta mentira del existir; inventamos mundos de palabras dando rienda suelta a la imaginación. Las historias están esperando a los prestidigitadores de palabras, ocultas entre el fango de la Historia, de la cotidianidad, de la misma vida, y con ella la poesía. Somos los magos que las hacemos revivir en esa pura chiripa que es nuestra propia experiencia vital desde la que nos asomamos para ver cómo es el mundo visto desde otro ángulo. Palabras que se equivocan, palabras equivocadas y la luz de la quimera en las palabras que se apagan en diez segundos para renacer de nuevo, una y otra vez en su ciclo mientras seguimos… errando; maldición del poeta, continuo experimentar en obsesivo afán; vivir en las palabras revisadas que cobran un minuto de gloria en el fulgor del poema para ser todo lo que conforma la existencia humana, trascendiendo experiencia y convirtiéndola en emoción a través del verso o viceversa…
Los poetas reconvertimos el mundo, lo elevamos a un plano metafísico para disfrutarlo, nos imbuimos de la vida material para transformarla en experiencia espiritual por medio del poema, y elevamos la palabra al cenit de la propia vida.

La poesía alivia la inquietud del alma, la reconforta, nos salva de nosotros mismos, “del diario morir”, como bien se dijo, y ayuda a vivir nuestro yo más puro en este mundo ingrato en el que sobrevivimos… Pero los poetas somos valientes porque no podemos huir, vivimos y morimos en las palabras, en su hechizo, en sus verdades y sus mentiras, quemándonos en su fuego y quizás las palabras acaban siendo vida y la vida, palabras…

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Respuestas

13 Noviembre 2010 - 17:33
Enviar un email veronica

Que hermoso!!! las palabras son precisas... me encanta tu filosofía. Felicidades eres inspirador

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