Sábado 17 de Diciembre de 2005

King Kong: el fantástico exceso del exceso de Peter Jackson.

 

Luego de que finalizara la trilogía de El Señor de los Anillos (LOTR), prevaleció un fuerte silencio que las consagró como obras maestras, destacando a la primera o la tercera, según el criterio de cada uno, como las mejores. Ahora bien, la duda entra en el campo de batalla cuando uno adquiere la posibilidad de razonar el siguiente pensamiento: ¿sería acaso Peter Jackson un buen director si no le dieran de presupuesto una cantidad tan indignante de dinero? La respuesta es: no lo sé. Lo que ha demostrado hacer con King Kong no indica que sea un mal director o un excelente director, pero la imaginaria de este hombre, un hacedor de quimeras, se expande dentro de este remake pasándole un trapo fresco a todas las marionetas de la vieja versión, dejándolas con un lustre que les da una vida propia que absorbe al espectador.

            Como verá, buen lector, mi posición sobre King Kong es optimista, y ya es suficiente para que siga leyendo si está de acuerdo conmigo o, en cualquier caso, para que siga leyendo. No obstante, será bueno que miremos hacia atrás y veamos qué hizo Peter Jackson antes de tomar la trascendencia actual:


Peter Jackson dando indicaciones a Jack Black

           Nacido el 31 de octubre de 1961 en Pukerau Bay, Nueva Zelanda, comenzó su ?carrera? hacia el celuloide desde muy joven gracias a una Super 8. El despegue progresivo no tiene cabida en este artículo: su primer largometraje fue ?Mal gusto? (Bad Taste) en 1987, película de argumento delirante en plan humorístico donde intervienen marcianos y yo qué sé qué locura, pero el asunto es que pasó a ser un título de relevancia, y los sempiternos buscadores de altares le rindieron culto? hasta el día de hoy. Ahora bien, continuando con la lista (que ahora abreviaré) le siguieron: ?El delirante mundo de los Feebles? (Meet the Feebles) en 1989, título nada alentador, por cierto; ?Braindead? (1992), y saltó a un campo más serio en 1994 con ?Criaturas Celestiales? (Heavenly Creatures), un drama psicológico con mucha fotografía, un presupuesto más abundante y un argumento que por estar arraigado a la Tierra no significa que sea mejor pero que pegó más por su producción. Luego vinieron las irrelevantes ?Forgotten Silver? y ?Agárreme esos fantasmas? (The Frighteners) con Michael J. Fox. A partir de ahí vino LOTR, filmadas las tres en forma simultánea y con un presupuesto insultante con el cual podría haber alimentado toda una nación. En esta trilogía hubo subidas y bajadas, como era de esperarse, tanto por el lado de la calidad del producto como del público expectante. Que si la primera es mejor porque es más fiel al libro, que si la segunda es la más floja porque no sucede nada nuevo o si la tercera es la que tiene la batalla final más bestial? Como sea, LOTR impuso un estilo (junto con Braveheart, hay que decirlo) a la hora de contar historias bélicas, y ese modelo, como si fuera la Gran Bretaña de la Revolución Industrial, fue tomado por algunos proyectos que vinieron después, todos insignificantes como Troya, Kingdom of Heaven o Narnia.

            A mí no me produjo ni la virulenta necesidad de desprestigiarla como muchos críticos de folletín, ni la jubilosa ansiedad de cantarle al mundo sus maravillas. Como soy un amante ferviente de las letras, me mantuve al margen por objetividad. Tolkien como prosista es un mediocre aniñado, pero como inventor de mundos es bueno. Y aclaro: no más que bueno, porque su Tierra Media sólo es un refrito de mitologías nórdicas, aunque esto ya lo sabemos; y el haberse inventado un idioma que no habla nadie no le atribuye ningún mérito literario, más que una simple excentricidad de un hombre con mucho tiempo libre buscando con vehemencia una nueva forma de expresión. Sin embargo, tuve la posibilidad de leer los libros en la edad adecuada, cuando la imaginación está más activa, y me dejó una impronta que me duró y durará toda la vida. Qué mejor que ver las películas para revivir ese sentimiento, aunque uno caiga como un moscardón bajo las garras del marketing. Cosa muy contraria sucedió con la versión de dibujos animados que dirigió Ralph Bakshi en 1978 y no alcanzó a finalizar por falta de presupuesto.

            Tenemos a un Peter Jackson consagrado y a King Kong en los cines. Uno se sigue haciendo la misma pregunta: ¿seguirá siendo un buen director si le quitamos el presupuesto y el disfraz en 3D? Algo me hace pensar que no. Pero mejor empezamos con la crítica que ya vamos por la página y media.

            La película es, en sí misma, esencialista, contando todo de forma progresiva y constante, sin quiebres narrativos, desenvolviendo cada parte sobre sí misma y dando pequeños cierres. Se pueden diferenciar tres partes: la primera, donde se muestra una breve visión del New York de la Gran Depresión y donde los protagonistas se preparan para el gran viaje; la segunda, comprendida por el viaje en barco, el descubrimiento de la Isla Calavera y King Kong; y la tercera y última, tal vez la más aburrida por ser la más popular, la muerte de King Kong y la famosa escena de su caída libre desde el Empire State. Este estilo continuo le valió algunos detalles interesantes donde podrían haber explicado un poco mejor los motivos de ?todo?. Primero, ¿dónde consiguió el mapa el director gordito? Y, ya puestos, si mostraron los restos físicos de los parientes de King Kong, ¿por qué no aprovecharon este detalle añadido y lo expandieron un poco? ¿Por qué si es una isla hay acantilados y abismos de doscientos metros de profundidad? ¿Por qué nadie la conoce si saben su ubicación geográfica y por qué tiene tan poca relevancia una vez descubierta, si se entiende que además de un antropoide gigante hay dinosaurios y bichos inmensos? ¿Cómo se llevaron al mono a casa si el barco apenas soportaba el peso para maniobrar cuando llegaron y se empezaron a dar castañazos contra las rocas de la isla? ¿Cómo puede caer Peter Jackson en el error de dar a entender que absolutamente nadie sabía lo que había detrás del telón del teatro en el tercer fragmento de la película si tenemos en cuenta que un mono de seis metros de altura no pasa desapercibido ni acá ni en la China? ¿Cómo hizo el director que legisló el proyecto para conectar todos los cables con el comercio del entretenimiento apenas haber llegado a New York si la policía le seguía los pies incluso a través de canales internacionales? Un enigma, gente. Peter Jackson no quiso tocar el diseño que habían delineado los directores Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack y su elenco en 1933: sólo se limitó a ?agregar? espectacularidad, de renovar el atractivo de la historia. Pero mantuvo la superficialidad de los personajes en una austera y monotemática forma de actuar, siempre manejados por móviles románticos o excesivamente teatrales: ambos sentimientos caducados a la hora de representar una película que intente captar un mínimo de credibilidad en los intérpretes. Pero esto, aunque parezca una deficiencia, un punto débil, sólo refuerza el aire de aventura amena que nos quieren trasmitir. Alguien que piensa demasiado tal vez no se arriesgue tanto o ponga más trabas a la hora de tomar una decisión que le podría costar la vida.            

 
Naomi Watts

             Con personajes estereotipados e irrelevantes jamás nos preocuparemos de que mueran o vivan: están ahí y nos hacen de guías turísticos dentro de la isla, pero no más. Las actuaciones, con esto queda claro, no merecen especial mención. Aunque cabe destacar que Naomi Watts podría haber hecho la gran ?Salven a Willy? llorando en cada fotograma al punto de producir asco; pero no, se abstuvo, y lo bien que hizo, ya que se ganó el especial afecto del público con su interpretación de la pobre rubia enamoradiza y triste.

            Los efectos especiales son geniales. Admitámoslo ya: es una pretenciosa película de fondo verde donde los decorados reales no abundan. Si pensamos detenidamente que en la primera película la animación cuadro por cuadro era un efecto especial por sí misma, y que fue en gran parte lo que motivó su éxito, aunque la Academia no le concedió ningún reconocimiento el año de su lanzamiento, podremos valorar que los constantes ?fondos verdes? cumplen beneficiosamente su objetivo. Cosa distinta sucedió con la nueva y deplorable saga de Star Wars hecha con la máquina de hacer chorizos: los fondos verdes ahí abundan pero lo que es peor: ni siquiera acompañan. Son decorados inertes. En King Kong los decorados artificiales son sencillamente magníficos, cuidados hasta el último fotograma, transportándonos de una jungla mítica habitada por una tribu de rasgos mayas (dientes aserrados, arquitectura global, ornamentas faciales y sacrificio humano a un Dios para que les otorgue protección de los otros depredadores me hicieron pensar esto) a un Broadway que te deja alucinado por el cuidado en los detalles más nimios, pasando al exceso del exceso en la genial y original escena de los Diplodocus en la quebrada, King Kong contra los T-Rex desde el fantástico inicio hasta el litigio de las lianas o su escape del teatro. Escenas de antología en su totalidad, originales, interesantes y, lo que es más curioso, ¡divertidas! ¿Por qué las escenas transitorias suelen ser tan aburridas? Todavía recuerdo al Godzilla de Roland Emmerich en el 98? y me entra sueño de sólo ver al reptil desfilando por la ciudad. Imagino que esto se debe más a las incapacidades del reptil ante la agilidad y la variedad de situaciones que se pueden desencadenar con un ser más hábil como un mono gigante. Pensamiento surrealista, pero veraz a la hora de hacer un contraste inteligente.

            Ahora vayamos a la trastienda de la película. Alejémonos un poco de los efectos especiales, del trabajo espectacular de realización del simio y su movimiento (éste último otorgado por Andy Serkis, antaño Gollum) y vayamos a lo tocante al argumento en sí mismo, a lo más importante si cabe decir: la relación entre Kong y Ann Darrow.

            Es posible que yo haya estado tan absorbido por el film que las largas escenas de primer plano donde ambos personajes intercambian miradas no me molestaron en absoluto. Me parecieron sutiles demostraciones de afecto, gráciles formas de representar a un simio ?inteligente? y perspicaz, pero tan elemental en su pensar en el fondo como podría serlo, y disculpen la analogía, un retrasado mental. Posiblemente por este motivo uno lo evoca sin maldad, solitario, necesitado de afecto e inmediatamente hostil con cualquiera que represente una amenaza. Un animal gesticulante y casi humano. La relación que se establece es creíble, y lo truculento que podría haber sido el mutar un amor normal a una zoofilia explícita queda opacada por un aire genuino de ?amor puro? entre ambos. Creo que tan similar es la situación de Ann con Kong antes de morir frente a los aviones que cualquier mancebo frente a su perro viejo a punto de cruzar el río.

            En síntesis: es una película muy buena, que trasciende sin pretensiones dentro de su campo, pero que lo abarca a sus anchas y lo renueva, regenerándolo con alma joven como en su tiempo así lo hizo la saga de Indiana Jones, de una producción impecable. Las actuaciones no son formidables, pero se ajustan al formato. La banda sonora no destaca en ningún momento en particular: se limitan a acompañar escenas y situaciones. El argumento es el de siempre: sólo la Isla Calavera recibió especial empeño ?personal? por parte de los que idealizaron el proyecto. Para los que esperaban una película nueva vayan practicando inglés con un buen manual: remake es remake. Es King Kong pero ?a la vuelta y al revés?. No me he cansado de leer por ahí críticas de baja estofa donde califican esta película de ?puta mierda? por no haber cuajado mejor en sus dendritas y axones neuronales. ¿La sinapsis tiene problemas de traslado de impulsos cuando el vacío entre células de Schwann es mayor? Esta película es lo que es y no tiene soberbia. Nos brinda la posibilidad de conocer el legado de un hito histórico del séptimo arte sin tener que acudir directamente a él, cosa harto aburrida y corajuda si no tenemos una buena cantidad de píldoras de cafeína a mano.

            Ahora pregúntenselo ustedes: ¿será Peter Jackson un buen director en futuras películas sin tantos efectos especiales?

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Respuestas

19 Diciembre 2005 - 07:12
Enviar un email María Mediterráneo

La última película de Peter Jackson es una buena película, pero mi inquietud es que después de casi tres horas de cinta y varios millones de dólares gastados la peli se haya quedado en lo mismo que era la primera, sólo que un poco más trabajada. Mi opinión es que podría haber profundizado un poco más en el argumento, dando explicación a hechos como el origen de la isla y sus condiciones evolutivas, así como el papel de King Kong como protector de la tribu humana, haciendo de "eslabón" necesario entre dinosaurios y humanos, que sin su existencia no podrían convivir en un mismo espacio-tiempo, así como las causas de la desaparición de estos monitos grandes, ¿por qué no hay más? ¿por qué murieron el resto? Son preguntas que quedan sin respuesta. A mí si se me hizo algo pesado el exceso de escenas en las que King Kong y Ann intercambian miradas, podía invertir esos minutos en explicar algunas cosas más, parece en ocasiones que están de relleno para hacer una peli larga. Las escenas, fotografía y efectos especiales de la película son grandiosos, no cabe ninguna duda, pero más mérito tuvieron los de la primera en 1933. Un cordial saludo y muy buen artículo, Aparicio de Valencia.

19 Diciembre 2005 - 14:35
Enviar un email Aparicio de Valencia

Mucho me temo que el exceso de esta película también se traslada a algunas tomas que no aportan nada a la trama principal. Lamento confesar que mi gusto por lo edulcorado a veces me vence levemente: será porque soy un sensibilón, y lo hicieron tan bien al mono que da un poco de lástima y ganas de quererlo. Hay, está claro, muchos cabos sueltos que no permiten hacer un cierre definitivo, quitándole el "excelente" de forma perentoria, cosa que sucedió con Gladiador e hizo que, por primera vez en mucho tiempo, llevara a la misma visión a los críticos a congeniar en la misma crítica: no llegó a clásico por pereza. King Kong sufre de lo mismo. La última escena es una demostración total de pereza. Se quedaron con lo estipulado y no inovaron nada. Tienen el escenario, tienen los personajes, incluso tienen la fotografía y el presupuesto; y, sin embargo, por no arriesgar el título adquirido gracias a la galordonada saga de Tolkien, se quedó enfrascado en su atuendo de buen remake, cuando podría haber sido un soberbio film que tomando de lo viejo lo mejor mutara un poco más la historia al gusto del espectador de hoy en día. Saludos, doña.

01 Marzo 2006 - 13:55
ELJAVI

DIGAN LO QUE DIGAN. LA PELÍCULA ES GUAPÍSSIMA!!!!

07 Mayo 2007 - 21:09
Enviar un email Fran de Cadiz

Solo decir que, despues de haber visto la pelicula, he buscado algo de información porque, realmente, me ha gustado. He encontrado entonces esta critica de Aparicio de Valencia y tengo que decir que la he disfrutado tanto como la pelicula. Gracias, Aparicio de Valencia. Fran

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