¿Encontraría a Julio?
¿Cómo no quedar totalmente cautivado por Cortázar?
Se puede pensar que se va por la vida más o menos a los tumbos, con algunas alegrías, algunas tristezas, a veces acostumbrados a los mismos días, a iguales lugares, y de vez en cuando esa misma vida nos da un premio, extraño, quizá injustificado, sorpresivo, inquietante.
Si me inquirieran sobre dónde conocí la obra de este hombre, en qué momento, en qué circunstancia, tendría que decir que probablemente fue cuando me preguntaba "¿Encontraría a Julio?", vagando por calles de un lugar sin tiempo y sin espacio, algo entre Buenos Aires y París, un poco perdida, pero sabiendo que el encuentro era seguro.
Hay un antes y un después de su obra, de haberlo leído, de haber conocido a Julio, y lo nombro así, un poco con el pudor, el respeto y el orgullo de mencionar a alguien enorme y muy querido, aunque no haya visto de él más que unas cuantas fotos, escuchado su voz en alguna cinta, y leído sus palabras, haberlas saboreado, devorado.
Cortázar aparece allí cuando sin saberlo se lo invoca, cuando después de creer que todos los días vemos las mismas cosas, él pone unas letras ahí, y por primera vez uno nota particularidades de esa maraña de realidad que cree conocer tanto, y se da cuenta de que las ha visto, pero ahora también se pone a mirarlas.
Quería hacer una separación entre él y su obra. Cómo hacerlo, si partimos por ejemplo de la creación de los cronopios, a la que más valdría nombrar como aparición o encuentro, cuando es él mismo quien relata que "los vio" en un teatro durante un entretiempo; o pensando en su Morelli, especie de alter ego en Rayuela, donde también se confunde con Olivera; o siendo un poco más exagerada, podría buscar sus rastros en cada personaje construido.
Y entonces vuelvo a la pregunta: cómo se hace para no quedar totalmente cautivado por Cortázar, si hasta los hombres sucumben a los encantos de la Maga y más de uno confiesa haberse enamorado.
Un antes y un después, decía, la literatura se lo agradece constantemente, el desacartonamiento, el aire fresco, la creación que no pierde tampoco en calidad. Es una bisagra histórica, y también personal, porque quien lo haya leído, no volverá a leer de la misma manera, podría decir que más allá de lo que quede de la lectura, se instalará un crítico en el interior de cada uno que, al abordar ciertos otros textos, dirá que lo mismo se podría haber llegado a escribir sin tanta naftalina.
Pero Cortázar no se la cree ni un poquito, como dirían en el barrio, ni una pizca de soberbia se escapa por sus poros, su pluma genial no hace que a la hora de hablar pierda su didáctica de Maestro, su familiaridad de gran amigo, su gracia, su amabilidad de buen anfitrión.
Sin embargo, no regala nada, no va a dar al lector un relato masticado, digerido, una papilla de relato, no, señor, no ahorra el trabajo de quedarse pensando, y a veces no da siquiera lo que se esperaba. Y así se hace querido y admirado, a fuerza de desconcertar, de sorprender, de mostrar las cuestiones más cotidianas de la forma más asombrosa, de hacer de todo una novedad. A fuerza de fabricar nuevos mundos, de abrir puertas hacia otros lados, donde sin embargo, siempre se encuentra algún elemento familiar que hace que después de haber recorrido una siempre colapsada autopista, sintamos por fin haber llegado a casa.

Respuestas
No se quien seras el que escribe este blog, pero me senti muy identificada...Yo tambien aun estoy buscando a Julio, pero sabes que? Despues de haberlo descubierto, de haber deleitado mi alma con su poesia, el salir a la calle es una experiencia diferente...Y creo que lo encuentro en cualquier esquina, fumandose un cigarrillo seguramente... Comparto tu admiracion por este autor de obras que conmovieron y nos mantuvieron espectantes hasta el final.. Te invito a pasar por mi blog, hay un par de fragmentos de un autor olvidado...Me interesaria que pasaras!! Muchas gracias..!! Saludos desde San Luis... http://www.gulubu.blogspot.com
Publique un comentario