Miércoles 15 de Marzo de 2006

Eterna reencarnación del amor

¿Existe el amor para siempre, el amor eterno?
Dos películas parecieran ir en favor de una respuesta afirmativa; a través de diferentes ficciones -pero cuántas veces las ficciones entrañan realidades posibles-, Reencarnación (Birth, 2004) y Eterno reesplandor de una mente sin recuerdos (Eternal sunshine of the spotless mind, 2004) plantean el posible triunfo del amor; en un caso a través de la memoria, en el otro, a pesar de ella.
 
Así es que en Eterno reesplandor... tenemos a Joel Barish (Jim Carrey) intentando "borrar" de su mente a Clementine (Kate Winslet), su ex pareja, luego de sufrir horrorosamente y de enterarse que ella ya lo había borrado gracias a la nueva tecnología que ofrece la empresa Lacuna, que elimina del cerebro del cliente todo recuerdo que éste solicite.
Pero en medio del procedimiento, Joel se arrepiente, prefiere conservar el recuerdo, aunque implique dolor, y con un mínimo de conciencia y voluntad intenta conservar su memoria durante el largo sueño  que dura el proceso.
 

 
¿Borrón y cuenta nueva? Algo así. Joel no logra el éxito en su lucha contra Lacuna, pero parece que algo subsiste porque Joel y Clementine se vuelven a cruzar en sus vidas y algo confuso, extraño, pasa, sienten, aunque no entienden muy bien qué.
Una secretaria despechada de Lacuna, termina por aclarar el embrollo y desbaratar el negocio de esta dudosa empresa.
 

 
El resultado: parece que la pareja decide emprender el juego nuevamente... ¿el amor es más fuerte?
 
Por otro lado, tenemos a Reencarnación, donde no se recurre a posibles tratamientos futuristas sino al archiconocido recurso de las vidas pasadas (presentes/ futuras).
 

Allí Anna (Nicole Kidman) pierde a Sean, su esposo, el amor de su vida, quién muere mientras corría una tarde invernal. Parece que al mismo tiempo nace un niño (Cameron Bright), que recibirá el nombre de Sean, casualmente, y quien diez años después se presentará ante Anna diciéndole que es su difunto esposo y tratando de impedir que se case con su novio actual.
 
 
Revuelo en puerta, algunos se inclinan por no creerle, otros si no le creen, al menos se permiten dudar.
Anna, en pleno shock emocional, confundida e ilusionada, sucumbe ante la posibilidad de lo imposible: recuperar ese amor que aunque en la vida ha terminado, persiste en todas las formas de su memoria.
 
 
Antes de que todos pierdan la cordura, hacia el final todo parece volver a la normalidad, cada uno continúa con su vida después del por lo menos incómodo incidente.
Pero tal vez no todo haya concluído, una red de hilos invisibles, inconcretables, imposibles parece haberse tejido... ¿para siempre?
Ustedes dirán...

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